Puesto número seis
Matilde Achá Cordero
Siempre he tenido inquietud por participar en la vida política y social, vengo de una familia muy comprometida con la necesidad de cambios profundos en la forma de hacer política para incluir a todos aquellos que se quedan siempre fuera del sistema, un sistema injusto en el que los poderosos siempre están por encima y viven a costa del trabajo y el esfuerzo de “los nadies” de los que hablaba Galeano.
Yo nací en Bolivia y aunque llevo más de 20 años en España crecí en un país donde una minoría de origen criollo, “Los Blancos” gobernaban con total impunidad sobre una mayoría de origen indígena, estamos hablando de más de un 70% de la población, con idiomas, cultura y creencias diferentes, con un origen racial y étnico distinto, una población que hasta la llegada de la izquierda indigenista (con Evo Morales al frente) para el gobierno nunca fue considerada como parte del Estado, fue ignorada y saqueada, reprimida y perseguida, durante la terrible época de dictaduras y periodos supuestamente democráticos, donde ser de piel oscura y de origen indígena marcaba tu acceso incluso a los derechos más básicos. El racismo y el clasismo eran la forma de imponer el poder supremacista de quienes se consideraban dueños de todo y de todos.
Vengo de un pueblo valiente y luchador que hoy mismo está enfrentándose nuevamente a esos poderes supremacistas que quieren retroceder el tiempo y volver a la época de “Gobierno de criollos y blancos” con la ayuda por supuesto de intereses extranjeros, los mismos que hoy en España y Europa buscan imponer un modelo de superioridad clasista y racista donde los poderosos son dueños de todo y donde los derechos que se han conseguido con la lucha y el esfuerzo de tantos dejan de importar y sólo cuentan para unos cuantos, donde lo público desaparece y solo caben los intereses privados de aquellos que ostentan el poder.
Creo que España, Europa y el mundo se enfrentan más que nunca a un peligro real de perder todo lo conseguido. El avance de la ultraderecha y el desvanecimiento de cuestiones fundamentales que creíamos seguras e inamovibles como el derecho a la salud, la educación, a la vida, a la libertad, la igualdad se ven hoy más que nunca amenazados y aunque siempre ha existido esa sombra hoy ya no se esconde.
Me formé en Derecho y realicé el Máster de Derechos Humanos de la Universidad Carlos III de Madrid. Siempre he creído que el ser humano por el simple hecho de serlo debe ser protegido y que el Estado debe estar para ello, cuidando de todos ellos, pero en especial de “los nadies” de Galeano, aquellos que tienen menos y que solos no pueden luchar contra aquellos que los quieren sólo para llenar sus arcas de dinero y poder. Si me preguntan ¿Cuál es mi motivación?, diría que es justamente luchar por que el sistema y el Estado dirijan sus esfuerzos a construir una sociedad amable y preocupada por lo que le inquieta a la gente, por las necesidades de las personas, por hacerle más fácil la vida a quienes peor lo tienen, por permitir que la gente viva y no simplemente sobreviva, y en algún caso ni siquiera eso, por hacer que la cultura y el saber sean un derecho y no un privilegio de quienes además lo usan para retorcerlo, ignorarlo o impregnarlo de egoísmo y desprecio.